Cada minuto se producen 220 piezas del jabón Rosa Venus en la fábrica de La Corona ubicada en Xalostoc, en la periferia de la Ciudad de México.

Esto es 317 mil piezas cada 24 horas, o bien 317 mil potenciales momentos de amor, pues cada día se distribuyen en buena parte de los ocho mil hoteles de paso en el país que los han preferido por generaciones.

Estamos conscientes de que el jabón se ha hecho viral en las redes sociales y los memes por el vínculo que hay entre un producto de limpieza con un acto, a lo mejor de clandestinidad y prohibido, comentó Daniel Jiménez Franco, gerente general de la división jabonera de La Corona.

Y aprovechando el comentario del gerente, te dejamos algunos memes:

¿Y cuál es la historia de este jabón?

La producción de los jabones Rosa Venus inició en 1950 con la idea de arrebatar una parte del segmento de jabones de tocador a marcas extranjeras como Colgate y Unilever, que en ese tiempo se jactaban de tener como imagen publicitaria a las principales actrices de esa época como Silvia Pinal o María Félix.

Pronto el llamado jabón chiquito, ya que es el único de 25 gramos, pues el tamaño promedio es de 100 gramos, se colocó en el mercado por su precio de entrada, 50 por ciento más económico a sus contrapartes, y por su conveniente tamaño para un solo uso.

Este producto no surgió por un sofisticado estudio de mercadotecnia. El posicionamiento de los jabones en los hoteles está explicado por la calidad. Si no fuera bueno, no estaría en tantos lugares, señaló el directivo.

El resto es leyenda. La referencia al perfume floral del jabón ha influenciado la publicidad de boca en boca, pues desencadena bromas, recuerdos de amor y complicidad o incluso, brinda argumentos para una demanda de divorcio.

El poder evocativo del Rosa Venus –explicó Jiménez– se debe al arraigo en la cultura popular mexicana que no requiere publicidad para florecer, y que le aporta a la empresa un valor intangible que muchos corporativos quisieran: un espacio en el corazón de los mexicanos.