Miguel Ángel Arroyo

Con dos derrotas dolorosas a cuestas en su intento de llegar a Los Pinos, Andrés Manuel López Obrador desde hace algunos años, ha dejado de lado el sentimentalismo dentro de la política y se ha convertido en un hombre pragmático que no se tienta el corazón en el momento de tomar decisiones, sin importarle incluso, dejar víctimas en el camino.

Poner en la antesala de la candidatura de Morena a la gubernatura a Luis Miguel Barbosa Huerta, es una muestra de ello, pues pese a los aprecios y reconocimientos que le guarda a Enrique Cárdenas, el tabasqueño desde un inicio sabía que el senador y ex perredista, siempre sería su carta fuerte, así de simple.

Hábil, López Obrador hizo creer que a todos –incluyendo al mismo Cárdenas- que ya tenía candidato.

¿Qué fue lo que decantó a Andrés Manuel por optar por Barbosa?…simple.

Todos los amarres cupulares, incluso desde Los Pinos que guarda el propio Barbosa.

El peso específico que representa en el Senado de la República y sus “amarres” políticos, incluso con otros partidos.

Ahhh, y por supuesto, el poder económico con el que cuenta; sus vínculos a nivel nacional, así como la estructura que ha venido creando al interior del estado. Tiene todo.

Cárdenas sin duda era un excelente perfil ciudadano. Honesto, de trayectoria pulcra en la vida académica y la investigación, pero que sin duda, carecía evidentemente de todo lo que enumeramos de Barbosa, factores que sin duda, son indispensables para ganar una elección. Lo demás, no sirve.

Otro factor sin duda, es el tema de identidad, pues sin duda, difícilmente Cárdenas hubiera podido penetrar en el ánimo de la base de Morena, pues siempre fue identificado con la ultraderecha que representa “El Yunque” y  la familia Espinosa Yglesias.

En cambio, para Barbosa este procedimiento será “pan comido”, pues para ello se pinta solo. Cuenta con los recursos suficientes y la habilidad para negociar, incluso, para convencer a los duros de Morena. Así de simple.

Que Cárdenas fue engañado y utilizado, todo apunta a que así fue. Sin embargo, López Obrador logró su objetivo, captar la atención mediática en todo este procedimiento.

Reitero, es pragmático y poco le importa dejar víctimas en el camino, pues no es “sentimental” y solo juega con sus mejores cartas, y Cárdenas, no era una de ellas.