Miguel Ángel Arroyo

El asesinato a mansalva de otra joven estudiante, en esta ocasión de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), no es más que el fiel reflejo de la realidad que se vive en esta entidad en materia de inseguridad.

Mariana Fuentes Soto, estudiante de la facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la BUAP, fue privada de la vida la noche de este sábado, por presumiblemente resistirse a un asalto en calles de la colonia Reforma Agua Azul en esta capital.

¿La comunidad universitaria saldrá a manifestarse?…lo dudo.

Queda claro que la política pública de seguridad en la capital, al igual que hacia el interior del estado, es letra muerta, pues ante la ineficiencia de la autoridad por resolver este fenómeno, incluso los linchamientos de delincuentes, también ya es una práctica común.

En el caso particular de Puebla capital, la ciudad “gobernada” por su edil Luis Banck, quien hoy está más preocupado de lo que le depara el 2018, que en resolver la inseguridad, requiere de soluciones inmediatas.

Es evidente que el sismo y sus consecuencias, solo les sirvió a las autoridades, como momentáneos distractores de que lo vivimos los poblanos todos los días.

El asesinato de Mara, el regreso de los atracos a las unidades de transporte público, la creciente y alarmante inseguridad en colonias como San Manuel y los interminables asaltos a negocios, cuentahabientes, así como los robos con violencia a transeúntes y robos de autopartes, son pan de todos los días.

Los poblanos se preguntan. ¿cuántas vidas como las de Mara, Marina, Erik Bolio y muchos más, se seguirán perdiendo por la ineptitud de nuestras autoridades estatales y municipales?

Impunidad, negligencia e ineptitud, son el sinónimo de este actuar, y cuya autoridad tiene como deber primario, brindar seguridad a sus gobernados.

La consignación de hechos viene siendo señalada desde hace mucho tiempo. No es nuevo, pues.

El fracaso es rotundo y evidente. Y peor aún, parece no tener vuelta.