Si Gabriel González Alegría, juez de lo Civil tuviera tan solo un poco de vergüenza, ya hubiera presentado su renuncia y decir adiós al servicio público, al menos de manera un poco digna.

Pero como sabemos que ello no va a suceder, pues todo indica que Roberto Flores Toledano, presidente del Tribunal Superior de Justicia (TSJ), no solo lo protege, sino además lo solapa, los empresarios han dado cuenta de lo que se gestó desde el ayuntamiento por petición del Poder Judicial.

El hecho que a Unidad de Normatividad y Regulación Comercial del ayuntamiento de Puebla que encabeza el alcalde Luis Banck, haya determinado poner sellos de clausura al restaurante “La Silla”, sitio en donde el juez hizo de las suyas, es una muestra clara del abuso de poder y tráfico de influencias que se gesta desde las instituciones públicas en Puebla.

La indignación por decir lo menos al seno de los dueños de restaurantes en la capital por el actuar de la autoridad municipal, es evidente, y en breve pondrán “las cartas sobre la mesa” de este y otros temas que los laceran y los ponen en evidencia.

Ahora resulta que los propietarios de “La Silla” son responsables de la conducta prepotente y mentirosa de un juez. Ver para creer.

Es también penoso ver cómo Flores Toledano no toma cartas en el asunto y da “carpetazo” al tema con la jubilación del juez González Alegría, pero reitero, eso no va a suceder.

Se nota que al presidente del Tribunal Superior de Justicia, le tiene en estos momentos más preocupado “romper el hielo” que vive con la administración del gobernador José Antonio Gali, que resolver los temas que ponen en evidencia al de por sí ya maltrecho Poder Judicial en Puebla. Qué vergüenza…