Miguel Ángel Arroyo

La llegada de Rodolfo Sánchez Corro, como titular de la Contraloría del Estado, representa sin duda el parteaguas de que lo desde hace algunos meses, pretende el gobernador José Antonio Gali: iniciar con la depuración de las estructuras de las dependencias de la administración estatal y terminar así con la tranza e ineficacia que se vive en la mayoría ellas.

Hoy se cumplen los primeros 180 días de los 660 que habrá de cumplir Gali al frente de la administración estatal, es decir, casi la tercera parte de su permanencia en Casa Puebla, de ahí la urgencia de establecer una estrategia que permita al menos un andar sin sobresaltos al seno de las dependencias.

Con ello, Gali y su equipo, pretende no dejar estelas que evidencien el pésimo trabajo que se ha desempeñado en muchas de ellas, donde la opacidad ha sido el quehacer cotidiano y en donde las estructuras están más preocupadas en la sucesión del 2018, que en hacer un trabajo eficiente y transparente, encomienda que les fue asignada desde el 1 de febrero de este año.

Luego del primer cambio en el gabinete, ya se manejan varios cambios en la estructura estatal, y como se lo habíamos adelantado en entregas anteriores, gente recomendada de la administración anterior, ya puede ir “haciendo maletas”, pues no han podido, y por mucho, llenar las expectativas del trabajo que les encomendó Gali, quien poco a poco ve como se le acorta su ya de por sí corta gestión.

Gali está consciente del desorden que dejó la administración anterior, el gobierno no camina, y peor aún, los poblanos lo saben, de ahí que este primer ajuste a través de un hombre de su completa confianza, inició desde ya.

A partir de hoy, la propia Contraloría ya prepara los expedientes, para dar inicio a esta “limpia”, pues Gali ya no tolera esta inercia gris ocasionada por la herencia de funcionarios, que se han constituido en un verdadero dolor de cabeza, a los cuales, parece que ahora sí, se les acabó el crédito.

A ver si les alcanza…