Quien le diga que en Puebla no pasa nada y que vivimos en tranquilidad, le está mintiendo.

La vorágine de violencia e inseguridad que se vive en Puebla, ha llegado a niveles insospechados nunca antes vistos. No es casualidad pues, que el INEGI revele que al menos 7 de cada 10 poblanos no sienten seguros en su ciudad. No es para menos.

Los hechos sangrientos registrados en las últimas horas, todos en apariencia cometidos por el crimen organizado, nuevamente ponen a Puebla en el escenario nacional. TERRIBLE.

Apenas este lunes, un comando armado desató una violenta persecución en donde seis personas fueron asesinadas, incluyendo a un civil, al cual después de robarle su vehículo, lo ultimaron a tiros. INDIGNANTE.

Fue en la colonia Lomas 5 de Mayo, cuando este grupo armado ingresó a la clínica particular “Epmac”, para acribillar a cuatro personas en el lugar, ante el pánico y terror de las personas que se encontraban ahí.

Horas antes y en lo que parece también un ajuste de cuentas entre bandas dedicadas al robo de combustible, se registró otro multihomicidio, en donde 4 personas fueron acribilladas en San Pedro Tlaltenango. FRUSTRANTE.

El huachicol y el crimen organizado, ya hicieron ciernes en Puebla y sus actos delictivos, no solo quedan en matanzas entre las bandas, pues generalmente van de la mano de la comisión de otros graves delitos contra la sociedad civil, como son secuestros, extorsiones, atracos y robos. PATÉTICO.

El robo del combustible y sus ramificaciones, se dejaron crecer sin empacho y en total impunidad. Ahí están las consecuencias.

Los casos de violencia e inseguridad, lo mismo se dan en la zona del “Triángulo Rojo”, en San Martín Texmelucan y sus alrededores, que en Teziutlán, Tehuacán o en los límites con Poza Rica y la propia capital poblana. Da igual

Se dice que ahora mismo se quiere remediar. Parece tarde, muy tarde.