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DE POLÍTICA Y OTRAS COSAS…
En apenas una semana, Dulce María Arias intenta dividir al perredismo en Puebla.

Miguel Ángel Arroyo
Ha pasado tan solo una semana de que fue nombrada como delegada del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRD en Puebla, y Dulce María Arias Ataide, al parecer aún no entiende la comisión por la cual fue enviada, pues sin recato, está tomando atribuciones que no le corresponden y que están generando malestar al seno de la militancia.

De entrada, y signo de una mala señal, pues su trabajo debe ser incluyente con todas las corrientes que conforman la dirigencia estatal, la perredista recién desempacada de la Ciudad de México, solo se concentra en reunirse en su oficina “a piedra y lodo”, con Roxana Luna Porquillo.

Quizá sea para preguntarle cómo logró superar apenas el 3 por ciento de la votación cuando fue abanderada al gobierno de Puebla en 2016 y mantener “de panzazo” el registro del Sol Azteca.

A menos que su meta sea esa –conservar solo el registro-, no se entiende por qué tanto amor a la perredista cholulteca, quien de paso hay que decirlo, no cesa en su intento de alcanzar una candidatura plurinominal a una diputación local.
Por otra parte, si su misión es precisamente establecer los puentes para la creación del Frente Ciudadano por México, créame, no le va ayudar en mucho, tener siempre “bajo la sombra” a la propia Roxana.

Si la Delegada se diera a la tarea de conocer y entender la plaza, alguien le hubiera dicho que Eduardo Rivera Pérez, no es precisamente la mejor opción para ser el candidato del Frente Ciudadano por México en Puebla y hacerle “guiños” no era buena idea. Para rematar se hace acompañar de Roxana Luna.

Y así, sin detenerse a conocer el panorama poblano, ayer ya dijo que su partido merece al menos la nominación de 50 candidatos a las presidencias municipales; seis postulaciones a legisladores locales, así como la segunda posición en el Senado de la República.
Solo le faltó pedir “su nieve de limón” del Carmen, al fin y al cabo les queda cerquita de las renovadas oficinas del PRD.

Falta ver si el 3.8 por ciento de la votación obtenida en el 2016 por Roxana Luna les sirve como carta de presentación ante el frente y siguen tan exigentes.