Según el maestro Filo, quién ha vivido en Alemania, país con el estigma de discriminar a otras culturas por la defensa de la raza aria en el siglo XX, México es el país más racista que ha conocido.

Comenta que ni el Alemania ha visto el fenómeno que ocurre en su propia tierra, donde un indígena camina por la calle citadina, teniendo de por medio miradas de desprecio, o donde las raíces de una civilización son segregadas.

Durante sus viajes por el mundo, pudo identificar que México está “enfermo de racismo”, puesto que hay expresiones como “pinche naco” y “pinche prieto” a gente morena que conserva rasgos de la civilización azteca.

En contraste con esta reacción que hay entre mexicanos, de igual forma optan por enaltecer a los extranjeros por tener un color de piel diferente, un lenguaje distinto y características que reflejan al occidente.

El maestro buscó lugares para conocer, volviéndose ciudadano del mundo en su juventud, para divertirse, pero en uno de sus viajes a Israel, los habitantes le mostraron la realidad de su país, que ya estaba en guerra. Entonces, debido a eso, se planteó que estaba siendo parte de una sociedad hedonista y egoísta, que no pensaba en su propio país, ni se había planteado ¿quién soy?.

En su estancia en Jerusalén, decidió regresar al municipio donde nació: Huitziltepec. Ahí se dio cuenta que su historia no era la de los judíos, como se impuso en el país hace 500 años.

“Me hice una pregunta: ¿quién soy?, y ahí se derrumbó todo el mundo que construyeron sobre mí. Ahí entendí que judío no soy, que toda esa historia que me platicaron mis padres, de Adán y Eva (…) eran solo historias que fueron impuestas hace 500 años con una guerra de exterminio, de colonización y que no termina hasta el día de hoy, pero eso no lo piensa hasta que se dan las circunstancias para llegar a la reflexión”.

El maestro Filo aprendió náhuatl y se interesó en los antecedentes de sus padres, por rescatar su cultura mediante charlas, clases, tradiciones y vínculos con la tierra. Descubrió que era descendiente de los indígenas, quienes con ropa de manta, iban al cerro a cuidar su ganado o tenían la creencia de que al morir, un perro les cruzaba el río.

Lleva 16 años viviendo en Huitziltepec, donde ya no hay nahua-hablantes pero se conservan palabras, costumbres y leyendas.

“Hoy puedo decir que soy macehual, y macehual significa ser originario de la cultura náhuatl, o sea que es la cultura náhuatl la que me parió, parió a mis padres, a mis abuelos, a mis bisabuelos, a mis tatarabuelos”.

¿CELEBRAR SERÍA HIPOCRESÍA?

Hoy se conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. En este contexto, el profesor Eduardo García Vázquez, Coordinador de proyectos académicos del Instituto de Derechos Humanos Ignacio Ellacuría (IDHIE) de la Universidad Iberoamericana Puebla, comenta que no hay nada que celebrar en Puebla.

Debido a que pese es el cuarto a nivel nacional con más población indígena(Con un millón 300 mil personas), amén de la discriminación, estas poblaciones están siendo víctimas de despojo de sus recursos naturales.

Según su análisis, el 45% del territorio donde habita la población indígena está concesionado a mineras, lo que no representa trabajo ni oportunidades de desarrollo para las comunidades, sino “una nueva oleada de despojo” de sus bienes naturales, como del agua y la tierra, así como elementos de su identidad cultural, como el idioma.

“La comunidades indígenas, de cara a esta conmemoración, no tendrían nada que celebrar, sino más bien habría que estar viendo nuevamente que están siendo víctimas de un despojo que se alarga por más de 500 años”.

El profesor, comentó que los indígenas, por ser habitantes del país, deben tener la garantía del respeto a sus derechos humanos, lo cuales están contemplados en la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en la Conferencia de las Naciones Unidas Sobre Medio Ambiente y Desarrollo, así como diferentes declaraciones mundiales.

Dijo también, que no obstante a  los discursos y las leyes, hay omisiones en el respeto a los derechos humanos de los indígenas. Para ejemplificar, mencionó que las consultas megaproyectos solo han quedado en actos de simulación.

HILDA RÍOS / CUARTOSCURO.COM

De hecho, refirió que la Sierra Norte es uno de los botines más preciados para las industrias, por la riqueza de recursos naturales.

Habló de igual forma de las condiciones de exclusión hacia estos pueblos, con la falta de oportunidades y con la facilidad que dan las autoridades para transformar el uso de suelo y otras cuestiones que afectan el entorno natural.